martes, 2 de octubre de 2012

¿Por qué una educación desde y para la felicidad?


En primer lugar, el requisito fundamental para una educación para la felicidad es que se haga desde la felicidad. Se comprende fácilmente que un profesorado ‘quemado’, o unos adultos (padres, etc.) disgustados e infelices no resultan los agentes idóneos para llevar a buen puerto tan ambicioso objetivo. Es prioritario mejorar los niveles de felicidad de todas las personas implicadas en el proceso educativo.

Dado que existe una predisposición hereditaria que nos obliga a movernos dentro de unos límites heredados de felicidad y que las emociones, como la inteligencia, la personalidad, la altura y el peso, y facultades físicas diversas, tienen un importante componente genético, resulta inevitable preguntarnos, como hizo Fordyce es sus trabajos pioneros (1997 y 2000) si es posible incrementar la felicidad (¿podemos ser más felices?). No tiene ningún sentido elaborar una propuesta educativa para intervenir sobre un aspecto inmodificable de la condición humana. 

La respuesta unánime de los científicos es afirmativa (Fordyce, 1997 y 2000; Diener y Biswas-Diener, 2008; Lyubomirsky, 2008; Morris, 2009; Seligman, 2007, Sheldon y Lyubomirsky, 2007). Y ¿cómo podría hacerse? Como hemos visto algo, aunque sea poco, se puede intervenir sobre las circunstancias pero, sobre todo, podemos sacar el mejor provecho posible de ese 40% de margen voluntario de actuación. Del mismo modo que la inteligencia se puede utilizar de muchas maneras, podemos elegir entre diversas opciones de comportamiento y adquirir hábitos que incrementen o disminuyan nuestra probabilidad de ser felices.

En todo caso porqué habríamos de esforzarnos en ser más felices. Porque la felicidad, en sí misma, es una meta deseable que nos proporciona un estado de ánimo placentero. Además, los senti­mientos positivos amplían nuestro repertorio de ideas y de acciones y nos ayudan a cimentar (construir) recursos mentales duraderos que nos resultarán de utilidad en experiencias futuras (Fredrickson, 2004; Fredrickson y Branigan, 2005). Hoy sabemos que la felicidad proporciona a las personas muchísimas ventajas adicionales, consecuencias, efectos o funciones beneficiosos en múltiples áreas de la vida: en el campo de la salud, en las relaciones interpersonales y afecti­vas, en el mundo profesional y laboral, en la capacidad de cooperación, etc. 

Texto tomado de:

Caruana Vañó, A. (2010). Psicología Positiva y educación. Esbozo de una educación desde y para la felicidad. En A. Caruana  Vañó (coord.), Aplicaciones educativas de la psicología positiva (pp.16-58). Generalitat valenciana, Conselleria d’Educació.

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